La leyenda de la Hachishakusama el nombre significa Hachi es el número 8, Shaku se refiere a una antigua unidad de longitud japonesa aproximadamente 2.5-3 metros, y sama es el equivalente a “señora” o “dama”. Nos presenta a una mujer que camina con un largo vestido blanco, emitiendo un espectral sonido de risa… Po…po…po…po.. Bajo esta temática de canto de terror la entidad se desplaza buscando a los más chicos de edad para poder comer, la historia pronto dio un giro inesperado por un joven que aseguró haber sobrevivido a un encuentro directo con la mujer de los ocho pies, en los años de su infancia.

El relato comienza cuando sus padres todos los veranos lo llevaban a casa de sus abuelos, en un pueblito rural de Japón, donde se sentía querido y libre de las presiones urbanas. Una calurosa tarde el joven mientras descansaba sobre el césped del patio, oyó un extraño sonido. Le fue difícil ubicar el origen. Aguzó sus oídos era el po po… po po po… po po, que retumbaba con una voz grave y repetitiva.

Sus ojos fueron a dar a los altos setos que forraban la pared trasera, donde se encontró de golpe con una imagen aterradora. Un sombrero de mujer que se balanceaba a una altura completamente fuera de lo normal. Se acercó un poco y vio la figura de una mujer con un sobrero, huesuda, vestida de blanco y extremadamente alta. y volteo por un momento y ya no estaba la entidad que había visto.

Regreso a la casa de sus abuelos y vieron al niño serio y preguntaron por qué estaba así les dijo que había visto a alguien con un sombrero de mujer de color blanco y con una altura grande y haciendo un ruido extraño. Pero cuando mencionó la extravagante altura de aquella mujer y el sonido que hacía, los dos se pusieron mortalmente pálidos y la abuela contuvo un grito.

Su abuelo lo tomó del brazo y le hizo repetir que tan alta que era y todos los detalles salió de la cocina precipitadamente y llamó por teléfono a alguien y al quedarse solos, el niño, muy asustado, vio que su abuela temblaba de miedo. Cuando el nieto pregunto a su abuelo el con tristeza dijo que le has gustado a Hachishakusama la entidad busca a los niños, porque le resultaban fáciles de engañar cuando elegía uno automáticamente estaba condenado por que se lo llevaría para no volver jamás.

Con la rápida acción de sus abuelos se pusieron en contacto con una bruja para que apoyara al joven de esa entidad maligna, llevándolo a su habitación y poniendo cuatro tazones de sal en cada esquina y una imagen de Buda, sobre la que debía hincarse a rezar cada vez que sintiera miedo.

La bruja le dio un trozo de pergamino, que debía mantener en sus manos, pasara lo que pasara, lo encerraron y le prohibieron salir hasta el día siguiente. el joven paso toda la noche escuchando los gritos y cantos de la entidad que insistía hacerse presente y llevárselo. Pasaban las horas y la sal en los cuencos se iba volviendo cada vez más oscura al amanecer de aquella terrible y eterna noche, cuando dieron las siete de la mañana, el niño salió de su encierro y fue recibido con algarabía por sus abuelos.

Subiendo en un choche de forma inmediata el niño acompañado de su familia el dijeron niño que no alzara la cabeza, que aún el peligro no pasaba, asomó la mirada hacia la ventana y allí vio a Hachishakusama. El niño cerró fuertemente los ojos y estrujó el pergamino que aún conservaba entre los dedos.

El canto de la entidad aumentó su volumen. Solo el niño y la bruja lo percibían. Entonces ésta empezó a rezar tan fuerte que pronto estuvo gritando. Y el canto desapareció. Al final sacaron al niño de la ciudad, y de esta forma logró escapar de las aterradoras garras de Hachishakusama, pero el niño tuvo que pagar un precio muy alto con la condena de que no podría volver jamás a la casa de sus abuelos para siempre.