La leyenda cuenta que había una mujer hermosa pero muy vanidosa, que se casó con un samurái. Durante la ausencia de su marido en la guerra, ella, movida por su vanidad, lo engañó.

El samurái celoso y furioso, resentido con la mujer, llegó al lugar donde estaba su esposa y con un cuchillo en la mano el alcanzó a cortar un lado de la boca, mientras gritaba de dolor.

Le hizo una pregunta a su mujer: “¿Piensas que eres hermosa?” Cuando cumplió su cometido, le preguntó de nuevo: “¿Quién pensará que eres hermosa ahora?” Debido a las graves heridas, la mujer falleció.

Tiempo después, en una noche lluviosa con truenos, el samurái estaba en su casa cuando se le apareció un espíritu que se parecía a su mujer. Al observarla detenidamente, se dio cuenta de que era ella.

Regresó al mundo como un espíritu vengativo y acabó con la vida de quien había sido su esposo, haciéndolo sufrir como ella lo hizo en vida. Desde entonces, se le reconoce como un yōkai.

Con el paso del tiempo, comenzaron a surgir relatos de personas que aseguraban haberla visto. Según cuentan, suele usar una mascarilla para ocultar su rostro, algo que no llama la atención dentro de la sociedad japonesa.

La mujer usa una mascarilla, lo cual no resulta extraño en Japón, pero al encontrarla en calles oscuras y solitarias, quienes la ven sienten un temor inmediato.

La leyenda cuenta que estudiantes o jóvenes que salen tarde a menudo escuchan la pregunta: “¿Soy hermosa?” Si responden afirmativamente, ella se quita la máscara y vuelve a preguntar: “¿Y ahora?” El susto que provoca es intenso, y según la tradición, lo que responda la persona puede determinar su destino.

Se dice que es muy difícil escapar de su presencia, pero hay formas de calmarla: ofrecerle un dulce o responder con educación explicando que tienen prisa. Con modales, la entidad se retira y desaparece.