Leyendas de Brasil

Brasil se caracteriza por ser un país multicultural. Aquí se han reunido migrantes de diversos lugares e indígenas propios de la región, dando como resultado una gran variedad de tradiciones, costumbres, leyendas, mitos y creencias, siendo estos parte de su identidad. Adentrándonos en materia de relatos populares, nos encontramos con numerosas narraciones que han trascendido a lo largo de mucho tiempo, con pequeñas variaciones dependiendo de la región.  

Podemos encontrar historias fantásticas sobre creaturas misteriosas que protegen la naturaleza, u otras que buscan venganza tras una muerte injusta. A continuación, te presentaremos algunas de las historias más interesantes del folclore brasileño. 

Curupira 

Este personaje es descrito a veces como un hombre, a veces como una mujer, pero generalmente es presentado como un niño, que resulta ser el guardián de los animales y del bosque. Su trabajo es impedir que los cazadores y leñadores que entran a los bosques hagan su trabajo. Es de baja estatura, con el cabello rojizo, y su rasgo más destacable sin duda es que tiene los pies hacia atrás. Puede imitar sonidos tanto de animales como de humanos y es muy rápido. Se dice que es tan rápido que nadie lo puede ver, sólo escucharlo.  

Utilizando sonidos variados y sus peculiares huellas (que son muy difíciles de seguir), despista a cazadores y leñadores y hace que se pierdan en el bosque, para que no puedan dañar ni a los animales ni a la naturaleza. Según algunos relatos, ha llegado incluso a matar cazadores para salvar a los animales. Otros relatos cuentan que se lleva a los niños que viven cerca de los bosques y los mantiene allí un tiempo, enseñándoles a amar la naturaleza y a cuidarla, y cuando los pequeños cumplen 7 años los devuelve para que compartan lo aprendido.  

Iara 

Iara, o Yara, es una criatura que habita en las profundidades del Río Amazonas, conocida en portugués también como “a mãe d’água”. De hecho, su nombre proviene de una lengua indígena y significa “la que vive en el agua”. Se trata de una sirena; de la cintura hacia arriba tiene un torso humano, pero de la cintura hacia abajo tiene cuerpo de pez. La describen como una mujer muy bella, de larga cabellera negra y ojos claros, aunque hay quienes dicen que sus ojos son tan oscuros como su cabello. 

Según la leyenda, Iara era antes una humana, una hábil y bella guerrera. Sus hermanos la envidiaban porque era la favorita de su padre, y un día decidieron asesinarla entre todos. Sin embargo, resultó que ella era mejor que todos en combate, por lo que dio la vuelta a la situación y acabó con sus hermanos. Aterrada por sus propios actos, huyó para esconderse de su padre, pero éste la encontró y la arrojó al río para que se ahogara y pagara por su crimen. Los peces en el río sintieron pena y la transformaron entonces en una sirena. 

Se cuenta desde entonces que Iara habita en el río, y que, en venganza, se encarga de atraer a los hombres al agua, hipnotizándolos con su voz y haciendo que ellos mismos se sumerjan y se ahoguen. Cuentan también que, si un hombre llegase a ser salvado de ahogarse, su mente quedaría trastornada, aún hipnotizada por Iara, y que sería necesaria la intervención de un chamán para liberarlo.  

La mula sin cabeza 

Este personaje es uno de los más conocidos dentro del folclore brasileño, aunque se dice que el relato fue traído por los españoles o los portugueses. Es la historia de una mula, descrita de color café o a veces gris, que en lugar de cabeza tiene una antorcha ardiente y con herraduras de plata. Dicen que corre desbocadamente por bosques y campos, que el ruido de sus pisadas de plata es espantoso y que sus relinchos son muy similares a los gritos y sollozos de una mujer.  

Según el relato popular, antes de ser mula era una mujer que sostenía un noviazgo con un sacerdote y fue castigada por tener relaciones sexuales con él, y que fue convertida en lo que se conoce actualmente. Al verse transformada en un animal (porque hemos de saber que, aunque no tiene cabeza, puede ver), enloqueció y corrió hacia el campo, aplastando a todos los animales y personas que se cruzaran en su camino. Cuentan que si alguien llegase a verla, es necesario recostarse boca abajo y esconder las manos, puesto que puede arrancar los ojos, dientes y uñas de las personas.  

A partir de esta leyenda, se crearon diferentes versiones para controlar las relaciones amorosas de las jóvenes. Les decían que si tenían relaciones con sus novios antes de casarse se convertirían en una mula sin cabeza, o que si se enamoraban de un sacerdote se convertirían en este animal como forma de castigo.  

Algo curioso es que las tres leyendas presentadas tienen una lección moral acorde a la época del relato y que nos permiten conocer un poco a la sociedad de aquel entonces. Por ejemplo, el respeto a la naturaleza en el caso de la primera, la igualdad entre géneros en la segunda y la integridad en las relaciones según creencias antiguas en la tercera. Sea cual sea el mensaje, son historias que valen la pena conocer. ¿En tu país hay leyendas similares? ¡Puedes contarnos en los comentarios!  

 

Shichi-go-san

Por: Rut Prieto

Ya es otoño y en Japón se celebra como en cada año el festival shichi-go-san (七五三, que se traduce literalmente “siete-cinco-tres”) el 15 de noviembre. Los principales protagonistas de esta celebración son los niños de 3 y 5 años, y las niñas de 3 y 7 años (de ahí el nombre siete-cinco-tres), y son llevados a templos para agradecer el goce de buena salud y rezar porque siga siendo así durante su desarrollo.  

En el pasado, los niños eran susceptibles a una gran variedad de enfermedades en Japón y la tasa de mortalidad infantil era un problema serio, puesto que muchos no lograban llegar a la edad de 7 años. Durante el periodo Heian (794-1192), las familias nobles comenzaron a hacer estos rituales en los que acudían a templos sintoístas y rezaban por la salud de sus hijos: con los niños al cumplir 3 y 5 años, y con las niñas a los 3 y 7 años. Lo hicieron así bajo la creencia de que los números impares atraen buena suerte. Posteriormente las familias de samuráis se unieron a esta tradición y después el resto de la población.  

Durante el shichi-go-san, los niños portan por primera vez la vestimenta tradicional japonesa. A los tres años, las niñas son llevadas a los templos vistiendo hermosos kimonos atados con cordones, y al cumplir los 7 años, usan por primera vez el obi, que es una faja ancha de tela que se usa sobre el kimono. Esto se considera un ritual importante, llamado obitoki (帯解き), y antiguamente se consideraba que era el paso de las niñas a la edad adulta. 

En el caso de los niños, a partir de los tres años se les permite tener el cabello largo, puesto que acostumbran a dejarles el cabello muy corto antes de esa edad. A este ritual se le llama kamioki (髪置き). A los 5 años, los niños visten chaquetas haori y se les permite usar pantalones hakama, que son complemento de la vestimenta tradicional, para representar el paso de la niñez a la adultez. A este segundo ritual se le nombró hakamagi (袴着). De hecho, los niños varones pueden usar dos tipos de kimonos; el primero es el tradicional (que parece de samurái) y el segundo es más moderno. Desde luego, el significado en los rituales ha ido cambiando, pero el hábito de la vestimenta ha permanecido.  

Ciertamente la vestimenta tradicional japonesa tiene un precio un tanto elevado, debido a la complejidad de su elaboración. Es por ello que hay muchas empresas que permiten rentar estos atuendos tanto para los niños como para los adultos en este tipo de festividades. Incluso hay estudios de fotografía que ofrecen el paquete de la renta de la vestimenta junto con una sesión de fotos en los templos para las familias. Algunas personas han optado por esta opción, y el retrato familiar utilizando la vestimenta tradicional se ha convertido prácticamente en parte de la tradición.  

Otra parte de esta tradición es dar a los pequeños una bolsita colorida con chitoseame (千歳飴), que quiere decir “caramelo de mil años”. Se trata de unos palitos de dulce, cuya forma simboliza la longevidad. Los caramelos son blancos y rojos (colores alusivos a la suerte) y se considera que el número de caramelos que se debe dar a los niños debe corresponder con su edad. Por ejemplo, a un niño de tres años, se le dan tres caramelos.  

Si bien en Japón la salud en niños ya no es un problema, se ha conservado esta tradición durante siglos, siendo una alegre celebración que representa los deseos de los padres de que sus hijos vivan una vida larga, plena y feliz.  

Punky Night

Punky Night

Por: Tania Machorro

Punky Night ocurre en el último jueves de octubre. Es una tradición de Somerset, ubicada al sur de Inglaterra, aunque es casi seguro que esté relacionado con Halloween, ya que se pueden encontrar tradiciones similares en todo el oeste del país. 

Durante la Edad Media, hubo una ocasión en que todos los hombres de Hinton St. George, comunidad perteneciente a Somerset, fueron a una feria. Cuando no regresaron esa noche, las mujeres fueron a buscarlos alumbrándose con la luz de sus punkies. Punky es otro nombre que se le da a una calabaza que ha sido ahuecada y tiene una vela en su interior. 

A raíz de ello, se ha vuelto tradición que en esta noche, los niños del sur de Inglaterra tallen sus calabazas para crear Jack-o’-Lanterns (punkies). Las calles de Hinton St. George se iluminan con la luz de estas punkies. Una vez hechas, estos niños salen en grupos y marchan por las calles, visitando casas amigas y compitiendo contra grupos rivales que encuentran en el camino por ver quien tiene la mejor linterna.  

Actualmente en la Punky Night de Somerset, los niños locales continuan saliendo juntos, uniéndose en una procesión por las calles del pueblo, balanceando sus linternas caseras y yendo de casa en casa, cantando aún canciones tradicionales y, a veces, recibiendo algunos centavos en las puertas principales. 

It’s Punky Night, tonight, 

Give us a candle, give us a light. 

It’s Punky Night, tonight. 

It’s Punky Night, tonight, 

It’s Punky Night, tonight, 

Adam and Eve, wouldn’t believe 

It’s Punky Night, tonight. 

La Toussaint, una celebración a la francesa

La Toussaint, una celebración a la francesa

Por: Francisco Landa

Se acerca nuevamente unas de las celebraciones que nos hacen experimentar toda una serie de sensaciones y emociones, tanto en el ámbito social como en lo familiar y personal. Son esas celebraciones y conmemoraciones que se encuentran llenas de historia y que representan al mismo tiempo una de las tradiciones más coloridas, llamativas y famosas del mundo. Así es, me refiero al Día de Muertos y al Día de Todos Santos.  

El Día de Muertos en México es el resultado de una feliz coincidencia entre la religión católica y las culturas prehispánicas. Una tradición que, gracias a sus matices y originalidad, ha llamado la atención de todo el mundo. La realidad es que nadie da un trato tan distintivo hacia la muerte como lo hacemos los mexicanos. 

Ahora bien, solemos afirmar que las únicas dos fiestas que se dan a finales del mes de octubre y principios de noviembre siempre son “Halloween” y los respectivos días ya mencionados anteriormente y que cuentan con toda nuestra atención. Sin embargo, no es así en los países francófonos, especialmente en Francia.  

Pronto será 1º de Noviembre y en Francia se celebra la Toussaint, su equivalente en México corresponde al día de Todos los Santos (el 2 de noviembre, cabe aclarar y recordar). La pregunta ahora es: “¿Cómo se celebra o qué se hace en esta celebración/conmemoración?” A pesar de las múltiples repuestas que podemos encontrar, si se le pregunta a cualquier francés la respuesta es que se trata de un día triste, esto debido a que es en pleno otoño, hace frío y por supuesto, la relación de los franceses hacia la muerte es tradicionalista y también resulta un gran tabú. Es por eso por lo que las tradiciones mexicanas pueden resultar bastante inquietantes para ellos al no profundizar en el verdadero significado de los símbolos. Al ser día feriado, la mayoría de los comercios u oficinas están cerrados (aunque cada vez es más común que los grandes centros comerciales o supermercados abran sus puertas). 

Durante la «Toussaint», la gente recuerda a sus muertos, visita los cementerios y las tumbas de sus difuntos para limpiarlas y ornarlas con «chrysantèmes» (crisantemos). Pensar en los que ya se han ido es un acto muy íntimo y para la mayoría es fuente de nostalgia, dolor y tristeza. 

Tip de etiqueta francesa 

Nunca hay que regalar crisantemos porque es muy mal visto. Esa flor está asociada tradicionalmente con la muerte y en vez de quedar bien, se daría un gran «faux-pas» (paso en falso, o lo que es lo mismo, se “metería la pata”). 

Las vacaciones de la Toussaint 

Esta época del año trae consigo las «Vacances de la Toussaint» o vacaciones de la Fiesta de Todos los Santos. Los estudiantes retomaron la escuela en septiembre y tienen las primeras dos semanas de vacaciones del año escolar justo en esta temporada. 

Día de Muertos

Día de Muertos

Para los mexicanos, el Día de Muertos es una de las festividades más esperadas de todo el año y de las más hermosas que celebramos, la cual celebramos cada 1 y 2 de noviembre. En esta festividad, no se festeja la ausencia de quienes han partido, sino al contrario, la presencia viva y el retorno de sus almas a nuestros hogares, representados en los altares. 

El origen de esta tradición remonta a las culturas prehispánicas. En la antigüedad, los rituales formaban parte de la civilización y estaban presentes en todos los aspectos de la vida. Para los mexicas, era importante hacer una fiesta cuando alguien moría para guiar su alma al Mictlán, el lugar de descanso para las almas de los difuntos, colocando comida por si le daba hambre en el camino. En el Día de Muertos, las almas podrían regresar a la Tierra a degustar los platillos que sus familiares disponían para ellos.  

Con la llegada de los españoles y la religión cristiana, la celebración del Día de Muertos de las diferentes culturas (mexicas, mixtecas, zapotecas, totonacas, entre otras) fue trasladada al Día de Todos los Santos del calendario católico y al Día de los Fieles Difuntos, el 1 y 2 de noviembre respectivamente. Estas fechas coincidían con el final del ciclo agrícola del maíz, siendo éste el principal cultivo del país y agregando una razón más para celebrar.  

Es parte fundamental de la tradición colocar altares en los hogares y en espacios públicos. Los más elaborados suelen tener 7 pisos o escalones, pero es muy común en las casas y espacios reducidos encontrar altares de un solo piso (como una mesa). Éstos son decorados con manteles, papel picado de colores y la muy conocida flor de cempasúchil, representativa de esta época. Sobre los altares también se colocan las fotos de los allegados difuntos, veladoras y platillos como mole, tamales, pan de muerto, fruta, chocolate caliente, calaveras de azúcar y algunos de los platillos que más gustaban a los que han partido.  

Antiguamente, se hacía un camino con pétalos de cempasúchil desde el panteón hasta las casas para que los difuntos pudieran seguirlo; en la actualidad, el camino va de las entradas de las casas hasta el altar, o bien alrededor del altar simplemente. Como producto de la influencia de la religión católica, también se traza una cruz de pétalos de cempasúchil en el suelo o sobre el altar.  

El Día de Muertos se considera un día festivo nacional, por lo que se suspenden labores y actividades ese día y las familias generalmente se reúnen a limpiar las tumbas de sus difuntos en el panteón, convivir y comer juntos. Caracterizarse de catrín o catrina también es parte de la tradición. Esto consiste en maquillarse como si fuera una calavera y portar vestimentas tradicionales mexicanas, o bien, trajes elegantes y ostentosos. Es muy común en esta época presenciar exposiciones y concursos de altares y catrinas en escuelas y parques.  

Tal es el impacto de esta festividad no sólo en México sino en el mundo entero, que la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), declaró en 2008 esta festividad como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, al ser una celebración que une el pasado y la tradición de los pueblos indígenas con la sociedad moderna, reforzando el capital cultural y la identidad nacional.  

Finalmente, se trata de una celebración del recuerdo que, si bien se festeja de diferente manera dependiendo de la región y del estado, encontraremos en todo el país, y de la cual todos nos sentimos muy orgullosos.